A propósito del Chthuluceno y sus especies compañeras

Comisariado de exposición, Espace virtuel du Jeu de Paume, París. Donna Haraway / Pinar Yoldas / Terike Haapoja and Laura Gustafsson / Maria Sibylla Merian / Mary Maggic / Špela Petrič / Paulo Tavares / The Institute For Figuring / Ana Vaz and Nuno da Luz / Remedios Varo. Octubre 2017 – mayo 2018


Shoshanah Dubiner Endosymbiosis: Homage to Lynn Margulis, 2012

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En su última obra, Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene (2016), la bióloga y filósofa de la ciencia Donna Haraway propone la figura del Chthuluceno como un instrumento con el que aprender a “vivir y morir en un planeta dañado”. Más allá de la utopía tecnológica o la distopía de la extinción, sugiere sustituir la idea misma de futuro por la experiencia de “infinitas configuraciones espacio-temporales” que asuman la complejidad de lo que ocurre “en los aires, las aguas, las rocas, los océanos y las atmósferas” y cuenten las historias de la evolución en un tono menor y voluntariamente marginal, como una maraña de narraciones entremezcladas, resultado de procesos de supervivencia colaborativa.

En la visión de Haraway, el prefijo chthu remite a los poderes subterráneos y abisales de la Tierra. Pero a diferencia del monstruo lovecraftiano Cthulu (nótese la diferencia de ortografía) que expresaba el terror ante lo desconocido, su Chthulu quiere invitar al encuentro con otras formas de vida: animales no-humanos, vegetales, hongos o bacterias, especies compañeras del ser humano con las que este comparte relatos de “co-habitación, co-evolución y sociabilidad”. Inspirado por el concepto biológico de simpoiesis (hacer-se-con), el Chthuluceno cuestiona en última instancia la excepcionalidad de lo humano y las categorías mismas de lo vivo.

Como con la teoría cyborg, aquí también juegan un papel central la especulación y el SF, siglas que se refieren tanto a la ciencia-ficción y la fabulación especulativa como a las formas enrevesadas de los juegos del cordel (string figures), presentes en las culturas nativas de distintos lugares del mundo y emparentados con las artes menores, anónimas y colectivas. El SF aquí no es un género sino una metodología de pensamiento y acción que demanda una re-definición de las ciencias naturales y los humanismos en beneficio de una convergencia dinámica, en movimiento, entre prácticas estéticas y experimentales interesadas en formular nuevos sistemas-modelo o lo que Haraway denomina worldings (palabras-mundos). Frente a las lecturas literales y unívocas, el SF unido al Chthuluceno abre zonas de contacto con las múltiples caras de lo monstruoso.

En este contexto, las “especies compañeras” aluden a las diversas formas vivas que conviven en el planeta, en simpoiesis unas con otras, pero también al ecosistema de prácticas que dialogan con o contra o a través de la figura estética y conceptual del Chthuluceno. Desde la biología especulativa o las ficciones postnaturalistas hasta las políticas de los organismos inter-especies, la invención de taxonomías utópicas o la exploración de modos experimentales de pensar y sentir, las piezas seleccionadas proyectan un terreno de juego (un terreno de compost) para algunos de los tentaculos contenidos en este último tour de force de Haraway, tan complejo como inquietante.